Una célebre cantante argentina de folklore conocida en toda Latinoamérica como Mercedes Sosa, supo entonar en una de sus canciones emblemáticas, la frase que lo resume todo: “Cambia, todo cambia”... y cómo cambia.
Si hoy hiciéramos una pausa, caeríamos en la certeza que las actuales celebraciones del “Día Internacional de la Mujer” son muy distintas a las de hace tan solo cinco años atrás. Y es porque en parte, el concepto de ésta efeméride se ha ido transformando según las exigencias de los temas que la opinión pública ponía en discusión según las necesidades de reivindicación del rol de la mujer en la sociedad.

Hasta no hace mucho, el 8 de marzo era un día “adulativo”, de agasajo a nuestras mujeres. Pero el panorama del 2019 nos enfrenta a un “Día Internacional de la Mujer” diferente, que nos obliga a pensar y reflexionar. Las corrientes sociológicas vinculadas con el feminismo irrumpieron las sociedades modernas de gran parte de los países del mundo. Y pese a que han generado diversas polémicas, posturas encontradas y diferencias entre los más conservadores y los liberales, es cierto que los debates actuales sobre la reivindicación del rol de la mujer en la sociedad encajan perfectamente con el génesis de esta efeméride.
Viaje en el tiempo: el origen
Todo comenzó un 8 de marzo de 1908. Un grupo sindical de 40 mil mujeres costureras fue el artífice de una huelga que tuvo lugar en la Fábrica Cotton, Nueva York, cómo reclamo por una reducción de la jornada laboral a 10 horas, un salario igual que el que percibían los hombres por realizar el mismo trabajo y mejores condiciones laborales.
El dueño de la fábrica ordenó cerrar las puertas para que las mujeres desistieran y abandonaran el lugar. Pero la situación se tornó difícil. Un desperfecto en las instalaciones del edificio provocó un incendio que costó la vida de 129 de las mujeres que protestaban allí. Si bien las causas del fuego no fueron explicadas con pruebas oficiales, los vox populi de la época le atribuyeron el siniestro al propietario del lugar.

En 1910, durante la Segunda Conferencia Internacional de la Mujer que tuvo lugar en Copenhague, 100 mujeres aprobaron declarar al 8 de marzo como el “Día Internacional de la Mujer Trabajadora”. Sin embargo, recién 65 años después, la Asamblea General de las Naciones Unidas decidió declarar al 8 de marzo como el “Dia Internacional de la Mujer”.
Así, poco a poco las mujeres comenzaron a alzar su voz y a reclamar sus derechos, modelando una efeméride que con el paso del tiempo adopta nuevos conceptos de lucha.
Las mujeres de nuestros destinos
Indudablemente el mundo debe estar lleno de mujeres que han hecho historia. Algunas más conocidas y otras menos, el rol femenino en la sociedad no ha sido nulo, sino invisible. Y por ello hay muchas historias que pueden sorprendernos.
En relación a la celebración de esta fecha, queremos reconocer a mujeres emblemáticas de nuestros destinos.
De la religión al activismo social
María Antonia de Paz y Figueroa, beata María Antonia de San José o como su seudónimo popular lo indicaba, Mamá Antula, fue una religiosa cristiana nacida en Santiago del Estero en 1730.
Desde muy joven se comprometió con el padecimiento humano y por tal motivo, se unió a la Compañía de los Jesuitas para trabajar sobre ejercicios espirituales. Con tan solo 20 años, partió a Buenos Aires donde fundó la Santa Casa de Ejercicios Espirituales para predicar el mensaje de Cristo. Esta obra aún sigue prestando servicio y su valor radica en que fue creada y dirigida por una mujer, en una época donde las posibilidades de acción estaban reservadas solamente para hombres.
De la beata consagrada que colaboraba con los jesuitas, a la mujer que recorrió el centro y norte del país a pie y descalza para ayudar espiritual y socialmente a los más necesitados, hubo entrega por la fé y su misión y la convicción de llevar a cabo una obra superadora. Visitó Salta, Tucumán, Catamarca y La Rioja. Pero sus obras más grandes se llevaron a cabo en Córdoba y Buenos Aires. En cada uno de sus viajes, María Antonia se sustentaba económicamente con las limosnas que obtenía por su trabajo espiritual.

Pero su labor no fue nada fácil. Al llegar a la capital porteña la tildaron de loca y de bruja y la despreciaron por su aspecto cansado, producto de las largas caminatas. Hasta fue el propio Virrey Vértiz quién le prohibió que pusiera en marcha sus ejercicios de sanación.
María Antonia murió a los 69 años de edad pero el grupo de mujeres que la acompañaba, se convirtió en una pujante congregación que ha mantenido hasta nuestros días la obra, desarrollando tareas apocalípticas.
Mendoza y la primera nefróloga del país
Como ha sucedido a lo largo de la historia, la medicina ha sido durante mucho tiempo un terreno de hombres. Pero Elsa Piulats fue pionera en su campo. En 1976, la médica nefróloga, realizó los primeros trasplantes renales de Mendoza en el Hospital Central de la ciudad. A partir de su labor, el equipo de nefrología la implicó en más de 300 intervenciones
Inició sus estudios en 1964 y se desempeñó en el campo renal especializándose sobre todo en diálisis crónica. Durante los años 70, viajó a Estados Unidos para estudiar técnicas de trasplante renal y realizó sus prácticas con el equipo del Doctor René Favaloro, de quién aprendió mucho.
A su regreso comenzó a organizar un equipo de trasplantes renales. En algunas ocasiones, Piulats recuerda que esos fueron tiempos difíciles porque había que tener carácter para ser mujer, médica y opinar en un mundo de eminencias profesionales masculinas.

Actualmente Piulats sigue ejerciendo su profesión en el mismo hospital que la vio nacer. Pese a que ya se ha jubilado y su actividad ha mermado, sigue siendo un referente indiscutido y de consulta para muchos profesionales.
Además un dato que enaltece el compromiso humano de esta mujer por la medicina que ejerció, es que aún sigue viendo a su primer trasplantado. Tal vez este sea su mayor prueba de que su trabajo de lucha no ha sido en vano.
En los genes de una mujer científica del Uruguay
Oriunda de la República Oriental del Uruguay, una joven estudiante de biología genética jamás hubiese imaginado que podría convertirse en la Directora del laboratorio de Central de Citogenética y Microscopía Confocal del Instituto Nacional de Investigación del Genoma Humano, de Estados Unidos. O tal vez Amalia Dutra lo hubiese imaginado, pero podría haberlo percibido como un sueño muy difícil de alcanzar.
Apenas se licenció en Oceanografía Biológica en 1983, Dutra se dedicó a la investigación genética en Uruguay. Dio clases de genética en la Facultad de Medicina y Psicología.
Pero fue en 1988 cuando su carrera cruzó fronteras y llegó a Estados Unidos. Inició su labor como investigadora en Filadelfia, en la Universidad de Pennsylvania, estudiando la genética de las enfermedades inmunológicas. Sus resultados le valieron un ascenso para viajar a Los Ángeles a estudiar citogenética humana, es decir la conformación y funcionamiento cromosómico, en la Universidad de California.

Pero el máximo hito de su carrera se dio 1993 cuando se radicó en Washington para integral el equipo del National Human Genome Institute donde desarrollaron el mapa del Genoma Humano, un cambio de paradigma en la medicina actual que explica la evolución del hombre y con el que se comenzaron a desarrollar diferentes mecanismos para curar enfermedades.
Actualmente, Dutra sigue su trabajo en el campo de la citogenética, como directora de este departamento en el NHGRI.
Mujer al poder
La política es un campo de trabajo que también se ha ido adaptando e incluyendo a la mujer como participante activa. No sólo desde su capacidad ciudadana del sufragio, sino desde el propio núcleo político. Entre las figuras femeninas de renombre que atesora la historia y la política de nuestro país se encuentra el nombre de Esther Crespo de Riera, la primera intendente mujer de Santa Cruz.
Para los vecinos era “Tota”, esa mujer que luchó incansablemente por los derechos de su género. Fue docente, dirigente social y diputada nacional, cargo al que asumió en 1991 y desde donde impulsó como autora el cupo laboral femenino, aprobado en 1993.

Su trabajo por la lucha e igualdad de las mujeres, la educación pública y el cuidado de la naturaleza, han sido ejes claves de cada uno de los cargos públicos que ha ocupado.
Hoy en día toda la provincia de Santa Cruz recuerda a Esther Crespo, no sólo como la primer intendente mujer de la provincia sino como la primera del país, luego de la restitución de la democracia.
Entre pinceles y paisajes
El 27 de enero de 1907, nació en Catamarca una pequeña niña que algún día llegaría a ser una referente de la pintura, el arte y la cultura regional. Mary Walther fue una pintora paisajista que representó la naturaleza de su provincia natal.
Además, fue una destacada y reconocida activista y defensora de la cultura. En 1942 fundó “El Coyuyo”, un centro de promoción y formación de artistas catamarqueños.
También se interesó por las culturas precolombinas de su región y difundió imágenes que daban cuenta de objetos escultóricos en piedra y bronce, de la cultura Diaguita.

Por su labor, fue además destacada como Académica Delegada de la Provincia de Catamarca en la Academia Nacional de Bellas Artes. También se desempeñó en la función pública como Directora de Cultura de su provincia entre 1952 y 1958, etapa en la que organizó las Escuelas de Artes Plásticas, la Escuela de Alfarería y Cerámica, el Coro Polifónico y la Orquesta y Ballet de Danza Clásica.
Indiscutiblemente, Mary Walther no solo pintó paisajes sino además trazó un boceto de conformación cultural que se sostiene intelecto y a puro crecimiento.
La gran dama de la literatura argentina
Su nombre impone respeto y admiración en el círculo literario cordobés y del país. Sus novelas románticas históricas y sus cuentos basados en leyendas argentinas, han fascinado a miles de lectores nacionales e internacionales. Pero a sabiendas de todos esos logros, ella solo firma como Cristina Bajo.
Nacida el 17 de junio de 1937 en Córdoba, Bajo ha desarrollado una basta carrera en las letras como escritora y como redactora en diarios y revistas bajo un perfil más periodístico.
La epifanía de su carrera comenzó a mediados de 1990 cuando publicó el primera novela “Como vivido cien veces”, el libro donde presentó a la familia Osorio que sería protagonista de la saga que fascinó a todo un país y con la que se convirtió en la primera mujer escritora Best Seller de la Argentina.
Su cualidad de “superventas” primero se dio a nivel local en su provincia y luego, su llegada a Buenos Aires le valió el reconocimiento nacional. Sin embargo, no sólo fue condecorada por su serie sino además que recibió importantes premio en otros títulos como “Tú, qué escondes” y “El jardín de los venenos”.

Sus obras fueron traducidas para trascender fronteras y romper la taquilla de ventas en España, Brasil, Estados Unidos, Japón, Canadá, Italia, etc. Y fue ésta expansión fronteriza la que le valió nuevos reconocimientos. Uno de ellos, tal vez el más meritorio, apareció en una reseña de El País de España donde la denominaron: “La nueva gran dama de la literatura argentina”.
Actualmente Bajo sigue escribiendo, ya no sobre la saga de los Osorio, pero con muchas nuevas historias que mezclan el romance, el misterio y diversos escenarios que fascinan a cada lector.
La filosofía del siglo XXI
La filosofía la enamoró desde jóven. Cristina Bulacio emprendió en la Universidad Nacional de Tucumán, un camino académico para responder a un sinfín de preguntas que la llevaron a obsesionarse por la obra de Jorge Luis Borges.
Doctora en Filosofía y profesora titular de Antropología Filosófica en la Facultad de Filosofía y Letras y en la de Psicología de la Universidad Nacional de Tucumán; Investigadora; ensayista; docente de posgrado; ha dictado conferencias y seminarios en el país y en el extranjero.
Su máximo exponente profesional ha sido y es el interesante análisis de la obra de Borges desde la perspectiva filosófica.

Con cuatro libros publicados en la materia, Bulacio encontró en este análisis la posibilidad de combinar dos pasiones académicas y escribir sobre lo que le gustaba. Su primer material “Dos miradas sobre Borges”, fue publicado por la universidad en 1998 y posterior a él vinieron los siguientes.
Sus ensayos le permiten no sólo exponer cuestiones netamente investigativas y teóricas, sino hacer interpretaciones sobre la filosofía de Borges en sus textos. Este trabajo le ha valido el reconocimiento internacional al punto que participó de un homenaje al escritor en la Feria del Libro de Miami, en 2017.
Quizá la filosofía no tenga respuestas concretas a sus preguntas, pero Cristina Bulacio encontró en ella el espacio donde pudo desarrollar todo su potencial.
La voz de la mujer
Si bien no es el estilo cotidiano, hay algo en la canción lírica que hace poner la piel de gallina hasta el hueso más duro de roer. De esta forma, con su vibrante voz, Margarita Kenny cautivó a públicos de todos lados.
Nacida en Santa Fe en 1915, Kenny desarrolló una carrera como cantante de registro mezzosoprano con trayectoria internacional.
Su debut tuvo lugar nada más y nada menos, que en el Teatro Colón en 1943 con la obra “El ocaso de los dioses”, de Wagner. A partir de allí, desarrolló sus repertorios en escenarios de Alemania y Europa. Cantó durante dos décadas en las óperas de Viena, Düsseldorf, Salzburgo y La Sacala.

Su trabajo le valió el reconocimiento de grandes críticos y le abrió las puertas para trabajar con grandes directores de orquesta como Wilhelm Furtwängler, uno de los compositores alemanes más notables del siglo XX.
Su despedida profesional fue en 1975 en el teatro que la había visto nacer. Al retirarse de los escenarios, se dedicó a la enseñanza de la partitura clásica y el canto.
Finalmente sus últimos años los pasó en su provincia natal, disfrutando de las imágenes que la memoria le regalaba de una vida llena de aplausos.
La mujer que volaba por el aire
En la actualidad, muchas mujeres han conseguido grandes victorias en diferentes disciplinas deportivas. Pero Carola Lorenzini, sí que era una aficionada y amante de la actividad física. Y no de cualquiera. Su actividad deportiva daba cuenta de que era una mujer a la que le gustaba la adrenalina.
Carolina Elena Lorenzini nació en Buenos Aires, un 15 de agosto de 1899. La séptima de ocho hermanos, Carola había sido una curiosa e inquieta niña desde pequeña. Una de sus primeras proezas transgresoras fue la de convertirse en la primera mujer en conducir un automóvil por las calles de San Vicente. Entre los deportes que practicaba con gran afición se destacó en remo, equitación, salto, jabalina y hockey. Pero su verdadera pasión estaba en las alturas ya que su máximo deseo era volar y dedicarse a la aviación, un terreno netamente reservado para los hombres.
Fue recién en 1931 después de muchas cartas de solicitudes rechazadas, que la aceptaron en el Aero Club Argentino de Seis de Septiembre. El curso la llevó a gastar todos sus ahorros y vender sus pertenencias, pero en 1933 obtuvo la licencia para pilotar aeronaves con el título de “Aviador Civil”. Posteriormente, obtuvo el título de instructora siendo la primer mujer en Argentina y en Latinoamérica en conseguirlo y en 1941, le otorgaron la licencia para servicio público y comercial.

Su pasión le valió títulos y reconocimientos. Fue tapa de la revista “El Gráfico” como la primera mujer que se había atrevido a pilotar una aeronave. Su máximo galardón fue la medalla de oro otorgada por la Aviación Militar Argentina al batir el récord sudamericano en altura, al volar a 5381 metros.
Su deceso se produjo en 1941, al estrellarse en una aeronave cuando realizaba una exhibición de vuelo.
Una mujer, una historia, una canción
Aquellos fanáticos por las melodías y las letras del folklore argentino, conocerán seguramente la canción “La Oma” de la autoría de Los cuatro de Córdoba. Para su sorpresa, “La Oma” es real. Existió en San Bernardo, Chaco, y su verdadero nombre es Marta Hoffner.
Es increíble cómo una vida común, puede convertirse en una canción y quedar para siempre en la historia de la música. Pero la historia que la llevó a la inmortalidad no es cosa del destino.
Una mujer de padres alemanes que había nacido en Brasil, se enamoró de un colono y partieron para San Bernardo, Chaco, a iniciar una nueva vida. Allí, rodeada de ñandúes comenzó a forjarse la vida de “La Oma”. Insertada junto al pueblo originario de Mocoví, Marta aprendió todo sobre la naturaleza para sobrevivir. Cultivaba algodón y preparaba sustancias naturales para eliminar las plagas. Toda una mujer abierta al aprendizaje y amante del conocimiento.
Pero el giro que la convirtió en musa inspiradora tiene que ver nada más ni nada menos con un hecho fortuito. En 1975, el compositor mendocino Daniel Altamirano llegó junto con su grupo musical al Chaco para visitar a su comprovinciano, Doctor Esteban Mauro quién le había pedido a La Oma que le preparase un chivito de su corral para agasajarlos.

Luego de recorrer cinco kilómetros, los visitantes llegaron hasta la estancia con casa de adobe y quebracho, de la que salió La Oma. Los músicos quedaron admirados de la belleza de la mujer que parecía resistente al paso del tiempo pero más aún, de su trabajo en este paraje rural. A causa de su admiración, compusieron un chamamé que relataba la historia de La Oma que fue estrenado 1977.
La canción fue un éxito pero ella internada en el chaco salteño, no sabía de su popularidad. Fue recién en el Festival de Villa Ángela al que fue llevada con engaños, en que supo que se había convertido en una afamada mujer. Subió al escenario junto al grupo de folklore cordobés y el público la ovacionó. Posteriormente en 1994, el Congreso de la Nación la reconoció con el título de “mujer sobresaliente”.
“La Oma es feliz con poco
digamos es que mejor con nada…”
El ángel de la selva
Hay lugares que son inhóspitos e inaccesibles, donde la ayuda humanitaria casi no llega. Pero basta con que alguien tome la iniciativa y se atreva a inmiscuirse dentro de la selva. Tal vez sea por eso que los habitantes de Puerto Iguazú, hayan visto en Marta Teodora Schwarz un ángel salvador.
Casualidad o misterio del destino Marta nació el día de la mujer, un 8 de marzo de 1915 en Buenos Aires. Una difícil infancia la llevó a vivir con su padrino a Santa Fé. Estudio como interna en un pupilo y cuando se graduó, partió para Córdoba. Ella tenía un sueño, ser médica. La Universidad Nacional la cobijó durante sus años de formación hasta que obtuvo su título en medicina. Luego, se especializó en pediatría trabajando en el Hospital de la Maternidad y Misericordia y desempeñándose no solo en pediatría y puericultura, sino además ginecología.

Tiempo después viajó a Misiones donde le ofrecieron ponerse al frente del Hospital de Puerto Iguazú. Allí comenzó todo. Con tan sólo un mes de trabajo, se convirtió en la directora del hospital. Fue allí donde diseña, realiza y patenta instrumental quirúrgico específico, técnica quirúrgica que aún hoy sigue vigente. Con su labor hizo nacer a más de 2 mil niños y su conocimiento en materia de salud, la llevó a convertirse en la primer Ministra de Salud Mujer de Misiones. Pero la gestión pública no era lo suyo. Al poco tiempo de ejercer como ministra, deja el cargo para regresar al hospital de Puerto Iguazú y ayudar a que los pobres tuviesen una mejor calidad de vida. Fue por esto que los habitantes la llamaron “El ángel de la selva”.
La mujer que marcó el inicio de la novela
Entre un mundo de letras, la introspección, la docencia y una afición por la cocina, Juana Manuela Gorritti hizo su espacio para desarrollarse en la sociedad del siglo XIX, en el norte de Salta.
Esta escritora argentina es conocida hoy en día por narrar en sus textos, las peripecias de su propia vida.
Gorriti nació en 1818 en Rosario de la Frontera, al norte de Salta. Apenas iniciando su juventud contrajo matrimonio y se fue a vivir a La Paz. Posteriormente, por situaciones laborales de su esposo, se mudaron a Lima donde abrió una escuela de educación primaria mixta. Allí comenzó a desarrollar su carrera profesional como escritora redactando alguno de sus relatos y donde instaló su taller literario, que visitaron diversas personalidades de la época.
Sus cuentos y novelas se caracterizaban por relatar la cotidianeidad de su vida, una interesante propuesta de estilo para la época. esta cualidad hizo que sus textos fueran bien recibidos en Chile, Colombia, Venezuela y Argentina.
Tras el fín de la carrera política de su marido, viajaron a Buenos Aires para iniciar una nueva vida. Este nuevo comienzo le dio a Gorriti el impulso necesario para decidirse a recopilar e imprimir sus relatos para comercializarlos.

Si bien es cierto que muchas de sus producciones eran autobiográficas, también valoró de una manera muy especial las costumbres de su tierra natal. En su trabajo llamado “La Quena” narraba la historia de amor entre una princesa de los Incas y un español. Este material marcó el inicio de la novela en Argentina, en 1848. Luego a esta, vinieron otros títulos como “Sueños y realidades”, “El pozo del Yocci”, “La tierra natal”, entre otros, cuyos escenarios se centraron en la región Andina de Argentina, Bolivia y Perú.
Además, su afición a la cocina le dio los conocimientos para publicar un libro que recopila las recetas de sus mejores platos caseros. Este material se llamó “Cocina eléctrica” y fue publicado en 1890.
Texto: Luciano Zahradnicek
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