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          Cuando el tráfico es mucho más que un sinónimo de caos

          La ciudad tiene un rimo vertiginoso. Las personas inician cada mañana un desfile urbano que colapsa las pasarelas peatonales. Los autos salen a las calles para recorrer largas distancias, desde casa al centro. Probablemente, el paisaje que se observe por la ventanilla del vehículo no se parezca en nada a un oasis en medio del desierto. Lo que pasa es que la hora pico apremia. La necesidad por cumplir con todas las obligaciones y llegar a tiempo desata una actitud frenética.

          Es momento del caos. Las calles colapsan de vehículos de todo tipo que se agolpan en las avenidas. Las bocinas hacen las veces de banda sonora de la escena y el humo de los caños de escape aporta el efecto sombrío. Alguna vez, algún cineasta dijo que la vida es como una película. De ser así, se llamaría “Contaminación del transporte”.

           

           

          La vida cotidiana en el siglo XXI nos ha llevado a naturalizar el uso de vehículos. La posibilidad de recorrer grandes distancias y la comodidad de los autos y colectivos, nos llevan a considerarlos como una necesidad. A causa de todo lo bueno que les valoramos olvidamos que su uso es altamente contaminante. Entre los principales efectos contra el medioambiente, el tráfico vehicular provoca tres tipos de contaminaciones.

          La primera, intrínseca al funcionamiento de estas máquinas motorizadas, es la emisión de gases de efecto invernadero.  Los motores de combustión liberan varios tipos de partículas que contaminan el medio ambiente. Entre los productos que se emiten en mayor cantidad, se destacan: el monóxido de carbono, dióxido de carbono, compuestos orgánicos volátiles y también las macropartículas.

          Además, es importante sumar que los motores a gasolina emiten compuestos de plomo, pequeñas cantidades de dióxido de azufre y sulfato de hidrógeno. Y, como si fuera poco, la acción del freno libera pequeñas partículas de amianto.

          Todos estos tecnicismos, en suma, dan como resultado una ciudad teñida por el humo negro de los caños de escape. Una contaminación atmosférica que, en los países desarrollados, va del 30% al 50% de la totalidad de agentes contaminantes.

           

           

          Según publicó Greenpeace en mayo de 2018, “la contaminación del aire en la Ciudad de Buenos Aires supera los valores permitidos por la OMS”. En su momento, esta declaración generó una relación de tensión entre los organismos de salud pública de la región y la organización ambientalista. Pero sin entrar en estas cuestiones netamente políticas, lo cierto es que la contaminación del aire que respiramos tiene impactos nocivos en la salud de los seres humanos. De hecho, los gases liberados en la quema de combustibles provocan  daños en el desarrollo del sistema inmunológico de los niños. Además, respirar estas partículas puede provocar infecciones respiratorias y afecciones crónicas derivadas de la insuficiente ingesta de oxígeno puro, como las cardiovasculares.

           

           

          Además de atentar contra la capa de ozono, la emisión de gases de efecto invernadero es una de las principales causantes de lluvia ácida. Este fenómeno es originado cuando la humedad del aire se combina con las partículas del humo emitido por los vehículos. Durante el proceso de condensación estas sustancias se incorporan a la composición del agua de las nubes y vuelven a caer a la tierra durante las precipitaciones.

          El impacto de la lluvia ácida no se da solamente en el lugar dónde se produjo la liberación de combustión. Por acción del viento las nubes cargadas de lluvia ácida recorren kilómetros afectando de este modo a entornos naturales. En el caso de las ciudades, la lluvia ácida afecta la vegetación de zonas forestales y campos. Es importante destacar éste punto, ya que en éstas zonas se desarrolla la actividad agropecuaria en que se obtienen diferentes alimentos vegetales. Con lo cual, el crecimiento de las plantas regadas por agua de lluvia contaminada, puede tener efectos perjudiciales en la salud de quien las consume. Además la lluvia ácida altera el ecosistema de lagos.

           

           

          Por último, otro de los ejes centrales de los efectos negativos del uso de transporte a motor, es la afección acústica. Diferentes estudios vinculados a la contaminación sonora señalan a los motores como los principales agentes. Sumado al sonido emitido por las bocinas, la contaminación acústica vehicular sobreexpone a las personas a niveles  de ruido superiores a los aceptables.

          A priori, pareciera que el daño severo se lo lleva el sistema auditivo. Pero estudios han demostrado que la contaminación acústica interviene en perturbaciones del sueño y funciona como agente de causa de hipertensión.

           

          Movimiento sustentable

           

          La descripción de los efectos nocivos que provoca la contaminación del tránsito de la ciudad no nos pone en un estado pesimista. Ni mucho menos buscamos promocionar una actitud moralista y utópica. Por el contrario, entendemos que la vida en la sociedad actual involucra este tipo de problemáticas. De hecho, el turismo como base de la actividad hotelera, es posible de ser llevado a cabo gracias al uso de medios de transporte.

          Por lo tanto, desde Amérian consideramos que conocer sobre la contaminación del tráfico, es una oportunidad de buscar alternativas que nos permitan trabajar para reducir el impacto medioambiental.

          Dentro de nuestras políticas de RSE fomentamos el comportamiento sustentable del turista. Esta idea no solo se reduce a buenas prácticas dentro de nuestro hotel, sino un cuidado comprometido del patrimonio del destino.

          Para reducir el impacto de la contaminación del tránsito, un turista sustentable puede optar por recorrer la ciudad a pie. La experiencia será sumamente diferente a la de moverte entre dos puntos por medio del transporte público. Y, si dejas tu auto particular en la cochera del hotel estarás contribuyendo al descenso de vehículos circulando en la ciudad. 

           

           

          Otra alternativa es la de recurrir al uso de las bicicletas, que te permite moverte con mayor velocidad, sin usar transporte a motor y ejercitar tu cuerpo. En Buenos Aires, el Gobierno de la Ciudad puso en funcionamiento un programa de transporte gratuito ecológico en bici. Lo único que debés hacer es registrarte a través de la app. A tan solo una cuadra de Amérian Buenos Aires Park, sobre la intersección de Reconquista y Av. Córdoba  hay una estación automática para utilizar el servicio. Este hotel de nuestra cadena se encuentra actualmente en el proceso de renovación de la Eco-Etiqueta Nivel Bronce, del programa "Hoteles Más Verdes".

           

           

          La sustentabilidad no es una tendencia de moda. Los estudios nos sirven como base para adoptar nuevas costumbres que reduzcan el impacto medioambiental. La contaminación vehicular es solo una pieza de esta problemática social y mundial. Pero con acciones simples ya estás contribuyendo a frenarla.

          ¡Ya estás advertido! Movete por los destinos como un turista responsable.

           


          Texto: Luciano Zahradnicek

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